Por:
Luis Fuenmayor, Wayuu Epieyuu
Luis Cassiani Villalobos
La diversidad de historias en La Guajira se
ha visto enriquecida por aquellas nuevas realidades que nos presenta el
fenómeno migratorio que estamos transitando, es por ejemplo lo que vemos con
los migrantes, los retornados y los pendulares, distintas circunstancias o
condiciones que hacen vida en el territorio. Conocer a Cassiani es parte de
esas cercanías que ofrece la virtualidad en medio de las distancias que ha
marcado la pandemia y el mismo proceso de migración. Somos vecinos del pueblo
de Paraguaipoa, región zuliana, tierra galana de gran primor, rinconcito
ensoñador de mi patria soberana… allá donde se mezcla la gaita y el vallenato,
pero con una identidad patriota muy marcada como venezolanos.
Cassiani reseña su proceso de migración en
territorio colombiano. Una historia realmente conmovedora, pensar en el hecho
del desprendimiento que representa la migración, las distancias que produce y
el nuevo concepto que va moldeando la vida mientras la vamos resignificando.
“Cuando llegué recuerdo que me vine con mi
esposa y mis tres niñas, me traje una colchoneta, una maleta de ropa, una cavita
y unos corotícos en una bolsa de basura”. El comienzo de esta historia por
parte de este padre lo vuelve valioso el mismo hecho de que migrantes hay muchos,
pero son pocos quienes se arriesgan a hacerlo con su familia, lo que representa
la unidad del hogar en medio de las distintas circunstancias que la vida va
presentando.
El primer reto de la migración es establecerse
en un nuevo lugar de residencia, por lo general es difícil, algunos nos reciben
y otros no. el segundo reto es encontrar un trabajo. “Al día siguiente de haber
llegado me convidaron a hacer una maraña (un trabajo) que consistía en llenar
un volteo de escombros… no les miento no pude; aun así, quien me llevó me pagó
completo, cosa que le agradezco. Llegué a la casa cansado y vi las caras de mi
familia alegre y contenta porque ahora todo era diferente”. Por mi parte
recuerdo que sí se siente muy satisfactorio ese primer pago, quisiera uno
comprar lo esencial, no pasa por la mente un lujo, con el primer pago uno
quiere es cubrir las necesidades de la familia.
Aunado a ese reto de conseguir trabajo más
adelante en el afán de conseguir una calidad de vida, las personas solemos
inclinarnos por aquellos oficios que hacen parte de nuestras destrezas y
habilidades, pero en ocasiones uno debe realizar tareas fuera de la zona de
confort. “La misma persona que me recibió había hablado por mí para trabajar en
una empresa de construcción, algo que no sabía pero tenía que hacerlo, fui y
quedé seleccionado gracias a dios, reconozco que no aguanté, sólo duré 20 días
y me salí por completo”.
De allí se desprenden una serie de
necesidades y frustraciones que Cassiani relata y refleja ese sentimiento de
impotencia ante la realidad de no haberse adaptado, es la palabra más amarga y
el peso más fuerte, ese que nos decimos a nosotros a mismos cuando la
conciencia y el “tal vez o hubiera”
nos persigue por los callejones de la mente. “Gracias a mi dios mis hijas
siempre comían y yo de tanto pensar, me decía a mí mismo: Dios, ¿por qué
renuncie al trabajo? Me hubiera quedado allí”.
Luego de las tormentas siempre llega el
sosiego, fue así que nuestro amigo asumió una actitud de resiliencia y se
recompuso de la primera experiencia. “Al pasar los días me vuelven a llamar de
la misma empresa, me dije: sea lo que sea, por más fuerte que sea, yo prometo
seguir adelante por el bien de mis hijas. Me esmeré tanto en aprender que a los
7 meses ya no hacía trabajo de ayudante sino de oficial y aprendí cosas que no
sabía”.
Son estas experiencias las que van formando
el espíritu fuerte, van descubriendo el valor que cada individuo lleva por
dentro, al finalizar el relato Cassiani resume su proceso y las esperanzas de
retornar. La vida le ofreció retornar a su pueblo de nuevo, dejar las carencias
y reconstruir su historia en Paraguaipoa.
Hoy Cassiani camina estas tierras de nuevo, ahora no se siente ajeno, su tránsito por la frontera la primera vez le dolió, pero ahora cruza semanalmente la raya para venir a Maicao a surtir su negocio y llevar productos de primera necesidad a Paraguaipoa, atrás quedaron los desesperos por pagos de arriendo y los trabajos para sobrevivir entre personas extrañas, es un migrante pendular que persiste en continuar cerca de sus raíces, su familia, amigos, su tierra, las historias en común. En su camino se va topando con vendedores de agua, en la misma condición de migrantes pendulares y otros con una maleta y su familia con el objetivo de llegar a Chile, Ecuador y continuar.
Migrante pendular: se refiere al desplazamiento desde el lugar de residencia al lugar de trabajo, estudio o abastecimiento por periodos diarios, ida y vuelta, favorecidas por el transporte público. Las migraciones pendulares no provocan cambio de residencia de forma permanente, ya que la principal característica del movimiento pendular es que la persona vuelve a su residencia original durante el día.
Crecimos viendo este tipo de migración, muchas veces hasta encargamos mercaderías, siento que son parte de nuestra cultura Wayúu
ResponderEliminarExcelente!
ResponderEliminarbuenisima formar de contar nuestra cotidianidad
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